| La palabra amigo puede tener distintas connotaciones; entrega mutua, intereses compartidos, cooperación, solidaridad, confianza plena, apoyo mutuo, pero por sobre todo igualdad de derecho.
Al respecto y de acuerdo a las experiencias que cada padre o madre pueda tener, yo hago la siguiente pregunta, ¿será apropiado definir una relación entre padres e hijos como una relación de amistad?, ¿Cómo una relación de igualdad de derechos? o mas claro aún ¿pueden los padres ser amigos de sus hijos? O ¿los hijos amigos de sus padres?
Si observamos como se desarrolla la vida en familia en nuestros días, en la cual esta igualdad muchas veces no existe, como tampoco hay plena confianza e inclusive ni siquiera existe un contacto o relación permanente entre padres e hijos, concluiremos que los padres de familia ya no pueden considerarse amigos de sus hijos, ni los hijos amigos de sus padres.
Ser amigo de los hijos es una hermosa frase que a veces no deja de ser más que eso. ¡Soy amigo o amiga de mi hijo o hija, solo en la medida en que él o ella responda con sus actitudes en la forma en que yo quiero! Por cuanto si él o ella actúan de otra manera, o si a mi juicio se comporta equivocadamente, entonces de inmediato ¡deja de ser mi amigo! Y lo trato solo como hijo o hija.
Si nosotros como padres deseamos ser verdaderos amigos de nuestros hijos, en primer lugar tendremos que tener bien en claro lo que ello significa, considerándoles fundamentalmente como “personas” y no como “objetos de nuestra propiedad”, a quien yo pueda cambiar a mi antojo, al igual como cambiar un objeto de lugar según me plazca, o conducir mi vehiculo en la dirección que mejor me parezca.
En consecuencia si queremos ser verdaderos amigos de nuestros hijos, deberemos por ejemplo; ser capaces de aceptar en un momento dado la critica que estos nos puedan hacer, pues un verdadero amigo tiene pleno derecho a hacerlo, obviamente con el debido respeto que ambos nos merecemos.
Ser amigo de nuestros hijos, significa tener en cuenta que como padres también podemos equivocarnos, e igualmente aceptar que podemos aprender de ellos, de la misma forma en que aprendemos del amigo, aunque éste hijo sea de corta edad, siempre nos podrá enseñar algo y nosotros como padres podremos solicitar su ayuda y su apoyo tenga la edad que tenga.
Como amigo debemos darle plena confianza y libertad para que él o ella pueda vivir sus propias experiencias y no tener que hacer tan solo aquello que nosotros como padres les permitamos hacer, situación que no es fácil, sobre todo cuando sabemos concretamente que lo que piensen hacer no pueda estar en lo correcto, he ahí la difícil misión de ser padres. Sin embargo si queremos ser amigo de nuestros hijos, deberemos aprender a respetarle, o ¿acaso al amigo no se le respeta? Deberemos aprender a escucharle con los oídos, pero por sobre todo con el corazón a fin de leer lo que pasa dentro de su mente y ver lo que sucede debajo de su pecho. Hacerle participar de nuestras inquietudes, de nuestros anhelos, de nuestras esperanzas, inclusive darle a conocer también nuestros temores, porque como padres no somos perfectos, igualmente cometemos errores, muchas veces sin darnos cuentas, asimismo ¡somos débiles! Y necesitamos a veces de la mano amiga, y que mejor que contar con la mano amiga de nuestro hijo o hija? Que él o ella conozca como amigo nuestras habilidades y debilidades, nuestras virtudes pero también nuestros defectos, los éxitos pero también los fracasos, que sepa que también somos susceptibles a equivocarnos. Solo así podremos estar mucho más cerca de ellos, ganarnos su confianza para que crean en nosotros, lo que sin duda redundará en beneficio de esa necesaria y urgente orientación que los hijos requieren hoy día mas que nunca a fin de ayudarles a conducir sus vidas por el camino correcto.
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Se que para muchos padres lectores lo que digo, se les hará difícil comprender y asumir esto, pues es como caminar cuesta arriba, sobre una realidad que muchas veces esta lejana a nuestro diario vivir, en un mundo lleno de violencia, agresividad y falta de comunicación intra familiar, realidad no exenta de incertidumbre en la cual tener que aceptar una actitud de igualdad, de sincera y abierta amistad se hace cada día mas complejo, incomprensible y confuso. Especialmente difícil cuando no somos ni siquiera capaces de darle la confianza suficiente en la comunicación diaria, menos aun en la libertad de discernir sobre lo que es bueno y malo. Es posible que las razones de tales actitudes estén basadas por una parte en la falta de tiempo y por otra, en el temor de perder o ver menoscabada nuestra autoridad de padres y con ello la posibilidad que no poder controlar sus vidas, y entonces su formación y orientación se nos escapa de las manos, con funestas consecuencias tanto para ellos mismos como para el medio social en que estamos inmersos, realidad por cierto que ya es pan de cada día y se hace ver en los tantos noticieros e informaciones de prensa
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