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domingo, 22 de octubre de 2017
 
 
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José Luis Carrasco Balmaceda (1950- ), escritor chileno. Nació en Antofagasta y reside actualmente en la ciudad de Valparaíso

 

     
   
     

Desde sus comienzos en 1978 es acreedor de una gran cantidad de premios tanto en Chile como en el extranjero, sobre todo en la categoría de cuento infantil. Entre estos galardones tenemos el de la Municipalidad de Cochrane, el Jorge Luis Borges de Argentina, La Felguera en España, Radio Netherland en Holanda de cuento infantil, el del Festival del escritor latinoamericano de Argentina, el premio Internacional de literatura infantil de Viña del Mar, el Pedro de Oña por cuento infantil, el premio Gabriela Mistral en novela y el Premio de la Crítica 1991 en literatura en Valparaíso. Algunos de los libros que ha publicado: El pingüino Nanú (1978), cuento premiado y primera obra del autor; Al acecho del cóndor; Cosas del mar y otros relatos, (1993); Nido (1994); La última bruja (1998); Un cuento para Mariela (1999); La rifa (1999); Don Evaristo el cartero (2000) y Valparaíso y el mar (2002).

Aprendió a leer a los 4 años, pero que nunca había intentado escribir una obra literaria. El año1978, trabajando en la Municipalidad de Valparaiso, sufre un accidente el cual lo deja en cama por varios días. Lo único que hacía era leer.En esos días enterado de un concurso nacional de Literatura para trabajadores comienza a escribir El Pinguino Nañú que finalmente fue el ganador. Esa fue su primera obra y nació premiada, lo que daría la energía para continuar escribiendo.

“Valparaíso y el mar”, habla de la relación, de este matrimonio indisoluble entre la ciudad y el mar. Una relación de amor y odio. Gracias al mar la ciudad ha prosperado y también gracias a él ha sido destruida para volver a levantarse y proseguir la convivencia.

El autor, en su prólogo, se remonta en la historia a los primeros navegantes en la conquista del océano; los fenicios, los egipcios y los cartagineses, para ir encausando el tema y presentarnos la bahía de Valparaíso habitada por los indios Changos - a su vez incipientes navegantes en balsas de cuero de lobo marino - y su descubrimiento por la nave “Santiaguillo”, los primeros días de septiembre de 1536. Y el bautizo del lugar como “Valparaíso” por Juan de Saavedra, recordándole su ciudad natal del mismo nombre en las inmediaciones de Cuenca en España.

Seguimos en la develación de la historia y pasamos a 1544 cuando Juan Bautista Pastene es nombrado lugarteniente de mar por Valdivia, hecho que data de manera oficial la existencia legal de Valparaíso. Luego la fundación de la primera capilla en 1559, en el mismo lugar donde está hoy en día la iglesia de La Matriz.

Hay un capitulo importante en el libro y trata sobre los bucaneros que pasaron por Valparaíso el siglo XVI. Asistimos desde el saqueo de la ciudad por Francis Drake, el paso de Thomas Cavendish, y el arribo de Richard Hawkins, piratas ingleses, para luego dar paso a sus colegas holandeses: Dirick Gerritz, Oliver de Noort y Jorge Spilbergen. “A estas alturas se llega al siglo de vida de Valparaíso. Varios hechos navales habían quedado grabados al calor de su historia. Saqueada una vez su naciente aldea, quemadas en varias ocasiones las naves ancladas en su bahía, pasadas las tripulaciones a cuchillo y bombardeadas con metralla sus alturas, conoció el rigor de los más famosos bucaneros que asolaban los mares del sur provenientes de Europa.” (p. 44)


Como consecuencia de estos hechos, especialmente el paso de Drake, es que Valparaíso se hace conocido en el mundo, comenzando a figurar en los mapas.

Luego las inclemencias de la naturaleza toman la atención del autor, y a pesar de la poca información al respecto nos informamos del maremoto de 1730, donde “la inundación invadió la planicie y el declive de los cerros”, haciendo que posteriormente la población se estrechase en los farellones de los cerros en vez de dilatarse sobre el Almendral y sus vergeles.

Así, con bosquejos claros de un sinnúmero de hechos que van perfilando a este puerto y una capacidad de síntesis envidiable del autor sumado a su didáctica va conformándose la visión de Valparaíso a través de su accidentada historia, parangón de su geografía.

Sigamos, entonces, con otros hechos para que obtengamos un bosquejo más completo del texto. Hagamos un salto y hallémonos luego de la independencia de Chile, específicamente en 1811, cuando se decreta la libertad de comercio con todas las naciones del mundo. Esto posibilita que llegue a Valparaíso la fragata “Galloway”, proveniente de Nueva York, trayendo entre sus variadas mercaderías una imprenta. La misma que posteriormente utilizaría Camilo Henríquez para publicar, en febrero de 1812, el primer ejemplar de “La Aurora de Chile”.

De aquí en adelante y con el incremento comercial que trajo el fulgor del oro en California, Valparaíso se transforma en un importantísimo puerto, ya que todos los barcos provenientes de Europa y con destino a los Estados Unidos debían necesariamente detenerse aquí. “En un día cualquiera del año 1849 se contabilizaron en el puerto más de 170 buques, 37 de los cuales eran chilenos”. A la par se desarrollaba la marina mercante nacional que en 1864 contaba con alrededor de 270 barcos, llegando a lugares tan remotos como Australia, China y la India.

Se consigna también un capítulo a los primeros submarinos construidos en el país. El primero de ellos fue desarrollado por un ingeniero alemán de nombre Guillermo Flach, quien tenía a cargo la fundación “Caledonia”. La idea surgió luego de la guerra con España en 1865, y después de arduas labores en mayo de 1866 se lanza al mar el invento de acero de forma cilíndrica imitando a un pez con la cola cortada. “A las nueve de la mañana en punto subieron a bordo de la innovadora embarcación Flach, su hijo, cuatro alemanes, dos franceses y dos chilenos y se cerraron las escotillas. El submarino ejecutó diversas maniobras, primero en la superficie y luego hundiéndose y emergiendo en forma sucesiva. Por desgracia, en una de estas inmersiones la nave no volvió a salir, en medio del horror y la consternación de numerosos espectadores que se habían reunido para admirar tan espectacular invento.” (p. 81)

Posteriormente surgió un nuevo inventor: Gustavo Hayermann, alemán y especialista en la construcción de barcos, quién conocía algunos planos de submarinos construidos en Europa y probados con éxito en el mar Báltico. Así, en poco tiempo desarrolló un submarino que bautizo como “Invencible”. Al igual que el anterior modelo este tampoco tuvo suerte, por lo que terminó en el fondo del mar, claro que esta vez con una gran diferencia: sin ocupantes.

De esta forma con el norte en el mar, viajamos por hitos importantes que van perfilando la ciudad que habitamos; su descubrimiento, la primera población, el desarrollo mercantil, el primer cabildo, los temporales y naufragios, junto con la intercalación de personajes importantes que escribieron su vida en relación al puerto y a su mar, tales como: Juan de Saavedra, Juan Bautista Pastene, Francis Drake, Lord Cochrane y Manuel Blanco Encalada entre otros.

Los hechos están ordenados en el desarrollo del libro de manera cronológica por capítulos diferenciados y titulados, que conforman pequeñas unidades temáticas. Al interior de estas células aparecen a su vez otros hechos o personajes que merecen la atención, y estos son tratados en un capítulo siguiente. Por ejemplo en el capítulo de los bucaneros aparece la figura de vital importancia de Francis Drake en relación a Valparaíso. Bueno, esta figura tiene a continuación un capitulo propio donde se retrocede en el tiempo a sus orígenes, su aparición en estas costas y su posterior vida. De aquí que el eje temporal se fractura en variadas ocasiones, pero no perdiéndose la línea principal a la que apunta el libro: la relación Valparaíso y el mar.

El resultado es de un cúmulo de hitos y hechos importantes que este autor nos trae a colación, valiéndose de la historia y la memoria articulada por un modo discursivo claro, pedagógico y sucinto lo que nos permite una pincelada, tal vez desprovista de reflexión o profundidad, pero didáctica y pedagógica, que operaría como un punto de partida, o un acicate para querer saber más de esta ciudad con visos eminentemente poéticos.

     
 
     


Bibliografía:

Entre otros libros José Luis Carrasco Balmaceda ha publicado:

“Cosas del mar y otros relatos”, Editorial Municipalidad de El Bosque (1993)
“Nido”, Ediciones Trea, Gijón, España (1994)
“La última bruja”, Editorial Andrés Bello (1998)
“Un cuento para Mariela”, Gobierno regional de Valparaíso (1999)
“La rifa”, Editorial Don Bosco (1999)
“Don Evaristo el cartero”, Editorial Andrés Bello (2000)
“Valparaíso y el Mar”, Gobierno regional de Valparaíso (2002)

Fuente: culturart.cl/Mauricio Carreño A./El Mercurio de Valparaiso

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